miércoles, 14 de diciembre de 2016

Las Cuevas y el Inframundo

Para los antiguos mayas, la cueva simbolizó la matriz o cavidad primordial que generó la vida. Dotada de oscuridad permanente, la caverna negaba los principios ordenadores de la superficie terrestre, el espacio regido por el movimiento del sol y las estrellas. Era el espacio alterno de la muerte y la resurrección de las plantas, los animales y de la propia estirpe humana.


Regida por deidades y seres mitológicos de la noche, la cueva se constituyó como la entrada al mundo subterráneo, la fauce de la montaña. A menudo, las estalactitas y estalagmitas fueron visualizadas como los afilados dientes de esa monstruosa entidad terrestre.
Las cuevas también eran el hábitat de deidades de la fertilidad, como Chaahk, el dios de la lluvia, y la diosa lunar, patrona del nacimiento, la medicina y las aguas subterráneas. Los mayas yucatecos creían que cuando la Luna desaparecía del horizonte (durante la conjunción), ella moría o se iba a dormir a una cueva o un pozo, sólo para resurgir nuevamente.
Durante la época prehispánica, numerosas cuevas de la región maya se convirtieron en destinos de peregrinación y en escenarios de intensa actividad ritual, particularmente durante el periodo Clásico. Las ceremonias más comunes fueron las ofrendas de alimentos e incienso a las deidades, los sacrificios humanos, los autosacrificios sangrientos, las prácticas funerarias y los ritos de fertilidad. Algunas cavernas conservan imágenes y textos glíficos que revelan la identidad de los piadosos dignatarios que las visitaron.

http://arqueologiamexicana.mx/mexico-antiguo/cuevas-y-pinturas-rupestres-mayas-ti-ik-way-nal-en-el-lugar-del-abismo-negro

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